El Síndrome de Estocolmo y la Relación con el Narcisista
Cuando escuchamos hablar del síndrome de Estocolmo, pensamos en víctimas de un secuestro que terminan identificándose con su captor. Pero lo que pocos saben es que este mismo fenómeno ocurre en las relaciones narcisistas.
La víctima del narcisista desarrolla un vínculo enfermizo donde justifica, excusa y hasta defiende al que la daña. Se convence de que sus humillaciones son “por amor”, de que sus abandonos tienen “una explicación”, de que sus promesas rotas un día se cumplirán.
Así, la jaula se vuelve invisible. Ya no hacen falta cadenas: la mente y el corazón están atados.
El problema es que cuanto más tiempo dura, más difícil resulta salir. La víctima siente que sin él no vale, que sin ella no hay vida, cuando en realidad lo que no hay es libertad.
Reconocer este patrón es el primer paso para romperlo. El amor verdadero no se alimenta de dolor ni de sumisión. El amor verdadero jamás debería parecer un secuestro.



